Tu web trabaja cuando tú no puedes.
A las once de la noche, cuando ya cerraste. El domingo por la mañana. En plena feria de agosto.
Alguien busca, encuentra, decide.
Si no estás, se deciden por el que sí está.
(Más de lo que imaginas. Y menos obvio de lo que parece.)
Alguien en Antequera busca en Google lo que tú haces.
No importa qué. Un electricista. Una clínica dental. Una gestoría. Una tienda.
Encuentra dos opciones. Una tiene web: carga rápido, se ve bien en el móvil, el teléfono está visible y las fotos son recientes. La otra tiene una página de 2016 que tarda en abrir, y el horario pone "consultar".
¿A quién llaman?
¿Y sabes a qué hora te buscan?
A las once de la noche, cuando ya cerraste. El domingo por la mañana. En plena feria de agosto.
Alguien busca, encuentra, decide.
Si no estás, se deciden por el que sí está.
¿Y si estás, pero mal?
El horario de Navidad en marzo. Los precios de hace dos años. La sección "próximamente" que lleva ahí desde 2019.
Alguien lo lee, te escribe y te pide justo lo que ya no tienes. Y le tienes que decir que no.
Primer contacto. Primer no.
Y si el horario de Google está mal, llega y se encuentra la persiana bajada. Ese no vuelve.
Nadie te lo va a decir. Pero todos lo piensan: si esto lo tiene así, ¿cómo tendrá lo demás?
¿Y si encima tarda en cargar?
Quien busca un taller, una peluquería o un sitio donde ponen buena porra lo busca con el teléfono en la mano. Muchas veces, ya en la calle.
Si la página tarda, pulsa atrás antes de ver nada. Si se rompe en pantalla pequeña, ni lo intenta.
Se van.
Y Google lo nota. Te baja en los resultados. Clientes que nunca sabrás que perdiste.
¿Y si carga bien, pero nadie la encuentra?
Una web bien construida aparece en Google cuando alguien en Antequera busca lo que tú ofreces. Una mal construida no aparece.
Nunca.
La diferencia no está en el diseño bonito. Está en la estructura, los textos y los detalles que el cliente no ve pero Google sí.
Te encuentran. ¿Y ahora qué?
¿Quieres que te llamen? El teléfono, grande y visible. ¿Quieres que escriban por WhatsApp? El botón, siempre a mano. ¿Quieres que vengan? La dirección y el horario, claros desde el primer segundo.
Una web sin dirección clara es como una tienda sin puerta. Hay gente pasando. Nadie entra.
¿Y quién contesta todos esos WhatsApp?
Ya lo usas a diario. Pero WhatsApp Business, que también es gratis, lleva meses esperando a que le saques partido desde tu teléfono.
Un saludo que responde lo primero que todos preguntan. Respuestas guardadas para el horario, los precios o cómo llegar. Un catálogo con lo que vendes. Un aviso automático cuando estás cerrado.
Y apañao.
Tú dejas de escribir lo mismo una y otra vez. Y el cliente llega directo a lo que busca. Y a lo que tú quieres que encuentre.
Ya. ¿Y qué cuento yo en mi web?
Que llevas 30 años en la misma esquina. Que te llaman por un nombre que no tiene nada que ver con el del cartel. Que la gente viene desde Archidona o Campillos solo por ti.
Eso no está en tu Instagram. Ni en tu ficha de Google. Ni en ningún sitio.
Y es lo primero que debería aparecer.
Antes de escribir una línea, pregunto. Lo que dicen tus reseñas. Lo que publicas. Lo que siempre te preguntan. Y lo que nadie te ha preguntado todavía.
Eso es lo que va en tu web.
¿Y tengo que hacer fotos nuevas?
Llevas tiempo publicando en Instagram. Las del local. El trabajo bien hecho. Los platos del día. El antes y el después.
Ya lo tienes hecho.
Si tiene sentido, lo usamos para la web. Sin empezar de cero. Sin duplicar el trabajo.
Tu web no empieza vacía. Empieza desde donde ya estás.
Si has llegado hasta aquí, ya sabes lo que ganas.
Lo que no sabes todavía es cómo quedaría la tuya.